Me arrepiento de no haber hecho eterna aquella madrugada de mayo, aquella madrugada donde solo éramos tu y yo y esta pasión que palpita en nuestras venas, pero es inevitable que todo lo bueno llegue a su final.
Por unas horas tuvimos el mundo
bajo nuestros pies, si cierro los ojos aun puedo sentir tus dedos entrelazados
junto a los míos, la brisa marina pegando en nuestros rostros y tu sonrisa, esa
sonrisa que me hacía delirar, seguida de tu voz diciendo mi nombre.
Esa madrugada fuimos libres,
fuimos temerarios, fuimos reales, no sentimos miedos, no hubo vergüenza, nos
desnudamos el alma mutuamente, recorriendo, explorando cada pliegue de nuestro
ser, no hicieron falta palabras, solo con un rose o una mirada sabíamos
nuestros pensamientos, la conexión que hubo entre nuestras almas en esa playa
desierta solo sucede una vez, es como la leyenda del hilo rojo que une aquellos
que están destinados a encontrarse, sin importar como, donde, o cuando, ese
hilo rojo puede tensarse, doblarse o incluso enredarse, pero nunca podrá
romperse, y así fue, nuestras almas se encontraron, el hilo rojo nos unió.
Sabíamos que esa madrugada no era eterna y que
con la salida del sol nuestro hilo rojo volvería a separarse, solo esperando
que no sea para siempre, tu volverías con tu otro amor, con aquella que
conociste antes de mí y pensaste que era la mujer de tu vida, y yo volveré a mi
ciudad, a seguir mi vida con un único motivo, volver a encontrarnos...
#YandraCurvelo

Comentarios
Publicar un comentario